
Huo Yuan Chia, fue uno de los más grandes maestros de artes marciales que Asia ha conocido. Sus innumerables combates sobrepasan la imaginación y algunas de sus técnicas permanecen inexplicables.
De Pekín a Cantón, ningún chino olvidará jamás las hazañas de Huo Yuan Chia. Huo nació en Pao Ting (provincia de Hopei) en 1869, iniciándose en el estudio de las artes marciales chinas a la edad de 8 años bajo la dirección de uno de sus tíos: Chin I Ming.
Con el paso del tiempo, se crea a través de toda la provincia una reputación de extraordinario luchador, ya sea a mano desnuda o con armas.
Muy dotado, Huo, reúne toda una serie de cualidades físicas excepcionales para la práctica del boxeo chino. El joven luchador sigue el entrenamiento riguroso de la época sin desfallecer jamás. A los 18 años, sin ser un verdadero coloso, hace prueba de una fuerza física prodigiosa, fuera de lo común, y de una técnica de alto nivel. Huo lo demuestra inflingiendo una fuerte paliza a un Hércules de feria que le había provocado y también tumbando de espaldas a un caballo furioso.
Gracias a su fuerza física, se convierte en el jefe de equipo de los descargadores de muelle de Tien Sin, donde se gana el respeto y la admiración de sus compañeros. Se cuenta de él, que un día descendió de un barco con un fardo de 100kg. en cada brazo. Sus hazañas no le impiden por otra parte correr a casa de su tío y continuar con su entrenamiento.
A la edad de 20 años, se entrevista con el maestro Chang Tu Chang, maestro muy reputado de la escuela Mi Tsung I, el cual le propone estudiar este arte bajo su dirección. Huo titubea porque posee un empleo sólido (cosa poco corriente en aquella época) al que debería renunciar.
Deseando no molestar al maestro, lo invita a comer con el fin de exponerle sus problemas con miramiento.
Ya por la tarde, de regreso por el camino que les conducía al albergue y mientras atravesaban un barrio peligroso, próximo al puerto, se encontraron de repente delante de ellos a una decena de ladrones decididos a desvalijarles, Huo, rápidamente se interpuso entre el maestro y ellos, pero el maestro Chang le pide que se separe haciendo un gesto con la mano. Huo consternado se aparta, el maestro Chang en efecto, es muy famoso, pero de una talla y corpulencia débil; por otra parte tiene más de 60 años. El jefe de la banda avanza hacia él, Chang le pide cortésmente que les dejen pasar a lo que el bandido responde con una estruendosa carcajada que se bloquea súbitamente en su garganta, acaba de recibir un certero golpe de palma que le proyecta hacia sus secuaces tumbando a tres de ellos. Los otros furiosos se precipitan sobre él.
Huo Yuan Chia no da crédito a lo que ven sus ojos, pues tiene gran dificultad en seguir los desplazamientos del maestro que son muy rápidos e imprevistos. Huo comprende en aquel momento el nombre de esta escuela: “El arte del Laberinto”.
Los atacantes se sienten realmente desconcertados por estas técnicas a la vez flexibles y percutantes, donde no pueden comprender los encadenamientos. Al cabo de unos instantes se forma el vacío alrededor del viejo maestro, y los que consiguieron escapar de la corrección huyeron a toda prisa.
La policía alertada por un testigo, cuando llegó, sólo encontró tumbados en el suelo a seis individuos en un lamentable estado.
Huo, maravillado por lo que había visto, se apresuró a aceptar la proposición de Chang, y a partir de este instante decide consagrar su vida al estilo Mi Tsung I.
Huo Yuan Chia, consigue dominar las técnicas de esta escuela en menos de cinco años, lo cual es un hecho extraordinario, convirtiéndose en el asistente del maestro.
En 1889, el maestro Chang Tu Chang fallece y Huo Yuan Chia le sucede. Trabajador infatigable y un gran pedagogo, consigue en poco tiempo un éxito fulgurante.
Algunas escuelas rivales celosas de su éxito, le envían a sus mejores luchadores para probarle y de poder ser, acabar con él.
El resultado no se hace esperar, todos los luchadores que osan enfrentarse con él, reciben una gran paliza. La mayor parte de ellos se quedarían a estudiar en su escuela. Huo, fue desafiado más de 60 veces y jamás fue vencido o puesto en una situación difícil.
Un día un boxeador de una escuela muy dura, traspasa la puerta de su escuela y más astuto que los otros se presenta a él en estos términos: “Maestro Huo, de todos es conocida vuestra potencia y la dureza de vuestro estómago, yo tengo un golpe de puño muy bueno, ¿puedo con vuestro permiso probarlo contra su estómago?”. El maestro sonríe y acepta. El boxeador se sitúa en posición y ataca, simultáneamente Huo avanza hacia él dando un paso y es su estómago el que va al encuentro del puño, el atacante es proyectado con una violencia inusitada hacia atrás contra una puerta, arrancándola de sus goznes. El maestro Huo le ayuda a levantarse, y con una amplia sonrisa le dice: “Ya habrá tiempo para que aprendas a cerrar bien el puño, ahora podría herirte, quédate conmigo”. El hombre en cuestión, un cierto Li Yuan Chi, se convertirá en uno de sus mejores alumnos y asegurará su sucesión en Singapur.
Convertido en un ídolo, ya no teme ser perjudicado por los desafíos de los otros maestros chinos de Kung Fu. Estos ya nunca más le molestaron.
Posteriormente se establece en Shangai la concesión internacional a Francia, Gran Bretaña, Alemania, EEUU, URSS y Japón.
Los occidentales rehúsan creer en la reputación terrible de este “enano amarillo”. Una mañana llegó a la escuela de Huo un mensajero ruso para desafiarle a medirse con su campeón Machnov.
Como en él es habitual, Huo acepta el desafío. El combate tiene lugar delante de un público muy importante compuesto de numerosas personalidades occidentales y chinas. Machnov, luchador de Sambo, es un verdadero coloso, subestima a su adversario y desde le principio del combate se precipita sobre él para cogerle por la cintura. Huo, lanza dos ataques simultáneos sobre los codos del gigante, que sorprendido y furioso retrae sus brazos anquilosados; intenta varias cogidas que son evitadas hábilmente por Huo que contraataca rápidamente con golpes a las tibias. El ruso empieza a cojear y a morderse los labios de dolor y de rabia. El festival comienza ahora, el chino pasa al ataque, el gigante, pasado el súbito tornado de golpes, vacila y se derrumba sobre el suelo. El ruso pasó más de un mes en el hospital recuperándose de la tremenda paliza recibida. Cuando recibió el alta, aterrorizado por el “pequeño chino”, abandona el país y se enrola en el circo Barnum que marcha a los E.E.U.U.
Poco tiempo después, es un boxeador inglés llamado Thompson el que desafía a Huo: Thompson sufre tal corrección que abandona para siempre este deporte, Huo, por el “fair play” solo utilizó sus puños.
A partir de ahora empieza la puja, por un lado la población china alienta a su ídolo y por otra parte cada concesión extranjera envía a sus campeones para tratar de salvar el honor. El maestro Huo Yuan Chia vence sucesivamente a un luchador inglés, a Ghulam, un enorme indio practicante de Vajra Musti, a un colosal sargento americano. Es más, Huo, ridiculiza a un esgrimidor americano venciéndole en combate de mano desnuda contra sable.
Desgraciadamente la tensión general sube y los espíritus se enardecen, Tiu Lin Wo, lesionó de gravedad a un luchador japonés que le desafió.
La policía prohibió los desafíos y Huo aprovecha este momento para crear la “Chin Wu Athletic Association”, cuyo fin primordial es el desarrollo físico y espiritual del pueblo chino. Huo hace todo lo que está a su alcance para dar a conocer el boxeo chino. Esta Asociación contará en muy poco tiempo, con miles de adheridos, practicándose en la misma todos los estilos de Kung Fu conocidos.

Cuando todo parecía haber vuelto a la normalidad, el maestro Huo
Yuan Chia escapa por muy poco de un atentado lanzándose a las aguas
heladas del puerto. Este atentado fue seguramente cometido por alguno de
sus adversarios que no había digerido su lección. Como quiera
que sea, este incidente precipita las cosas. Huo entra en la escuela después
de haber montado un gran escándalo en la comisaría de policía,
donde juzgando que las puertas no se le abren lo suficientemente rápido,
las hunde a puñetazos. A la mañana siguiente debe guardar
cama a causa de una neumonía. Es el momento que escogen los japoneses
para enviar a un equipo de combatientes para desafiarle. El maestro irritado
por los términos empleados por el emisario japonés, deja estallar
una vez más su cólera y de un golpe de puño extraordinario
marca las falanges de sus nudillos en una viga de roble. Elije sin embargo
a tres de sus mejores alumnos: Chan Kun Che, Lo Wai Chen y Lo
Siu Go para enfrentarse a los japoneses en su nombre. El desafío tiene lugar en el domicilio de Hou Yuan Chia. Todas las
precauciones han sido tomadas por una y otra parte. Los luchadores japoneses son seis.
Chan Kun Che, con una furia desencadenada envía a sus dos adversarios
al suelo durante los diez primeros segundos del combate. Lo Wai Chen se
desembaraza fácilmente del primer luchador japonés, pero el
segundo, experto en Karate, le golpea en la cara con un terrible golpe de
codo, a pesar de estar gravemente herido consigue vencerle.
Lo Siu Go es el técnico más fino de la escuela y se
enfrenta a un enorme luchador de Sumo. El combate se eterniza porque el sumotori
encaja los golpes sin parecer sentirlos, consiguiendo proyectar
a Lo en
varias ocasiones. Los dos adversarios, al borde del desvanecimiento,
abandonan el combate.
Chan Kun Che, se prepara para enfrentarse al último japonés,
que parece ser el mejor luchador del equipo, su nombre era Sainmon Yoshitaro,
en ese momento de repente aparece Huo Yuan Chia y reemplaza a Chan
Kun Che.
Los dos adversarios se saludan y acto seguido Yoshitaro lanza un Kiai extraordinario
y ataca. Huo muy tranquilo, lo esquiva sin apenas desplazarse. Produciéndose
entonces un hecho increíble: sin que los testigos presenciales pudieran
observar el más mínimo gesto de Huo, el japonés se
encontró proyectado con una furia increíble sobre el suelo
muriendo en el acto. Los espectadores aterrorizados huyeron precipitadamente,
los propios alumnos de Huo se quedaron petrificados y durante un tiempo
no osaron dirigir la palabra al maestro. Es difícil saber que técnica
empleó Huo, en aquella época se barajaron varias hipótesis.
La primera era que el ataque había sido tan rápido que ninguna
persona lo vio, lo que parece improbable, porque la mayor parte de los testimonios
eran de expertos practicantes de artes marciales; la segunda afirmaba que
el maestro había utilizado una técnica de Chi Kung que consiste
en una proyección de la energía respiratoria (la más
verosímil); y la tercera hipótesis (la más inverosímil)
era que Huo había retornado el Kiai del japonés contra el mismo.
Los japoneses reconocieron su derrota y propusieron a Huo Yuan Chia atenderle en una de sus mejores clínicas, en donde seria tratado por uno de sus más grandes especialistas. De forma un tanto ingenua, Huo acepta, firmando el mismo su sentencia de muerte, en efecto, algunos días después de su admisión, Huo Yuan Chia fue envenenado. Es difícil afirmar que fueran los japoneses los que le envenenaron, porque la investigación llevada a cabo por la policía local fue de las más sucintas (los japoneses eran muy poderosos en Shangai); a pesar de todo, los hechos y las circunstancias de su muerte les sitúan en el primer lugar de los sospechosos.
Huo Yuan Chia, el invencible, entra en la leyenda. Hoy en día es venerado por todos los practicantes de Kung Fu y por todos los chinos que le testimonian una profunda admiración. El fue el primero en probar que gracias al Kung Fu los chinos ya no eran más: “los hombres enfermos de Asia”.
Después de su muerte, uno de sus mejores alumnos, Chan Kun Che, intentó averiguar la verdad sobre el asesinato del maestro, después de haber matado con sus propias manos a tres de los presuntos envenenadores, sería abatido a tiros por la espalda.
Sobre este episodio se basó el montaje de la película interpretada por Bruce Lee: “Fist of Fury” (Furia Oriental). Esta versión se ajusta bastante a la realidad.
Este hecho tuvo lugar en 1909.
En la actualidad se ha realizado otra versión sobre la vida de Huo Yuan Chia protagonizada por Jet Li, su título es: Fearless (sin miedo). Esta película es de una gran calidad y la interpretación en el papel de Huo Yuen Chia por Jet Li magnífica, la coreografía de las escenas de lucha llevadas por Yuen Woo Ping (el mejor coreógrafo de artes marciales del momento) son excelentes. En general es una de las mejores películas de artes marciales chinas que se hayan realizado hasta la fecha, pero se aparta un poco de la realidad de los hechos, la muerte de su familia, la escena del envenenamiento en la pelea final; sobre todo en ésta escena se busca más la épica, el patriotismo. De todas maneras, es una película imprescindible para los amantes de las artes marciales chinas.