Vuelta al origen.
I.R.A.
Maó.
Josep Olives Puig (1943), es Doctor en Filosofía y Letras
por la Universidad de Barcelona y catedrático
de Humanidades en la Universitat Internacional de Catalunya.
Desde que en 1968 se licenció en la especialidad de Historia y Geografía,
la suya viene siendo una existencia ligada a los ámbitos de formación
y docencia.
Redondeó su etapa formativa en París, donde durante tres
cursos consecutivos y en este orden, profundizó sus estudios en Ciencias
Sociales y consiguió dos másters, en Sociología y Urbanismo,
mejorando la base para conquistar su doctorado. Ha sido profesor
en la Universidad Pompeu Fabra, en la Ramon Llull, en la Autónoma
de Barcelona y antes aun, en la Central. Su particular vía crucis
de alta escuela le llevó además durante un año a la
Universidad de Nueva York como profesor visitante.
Josep Olives tiene sus raíces familiares en Menorca, en el sitio
de Biniparrell, donde en tiempos del Concilio de Trento, siglo XVI, vivían
allí sus antepasados. Una bisabuela, Quica Orfila, era también
de Sant Lluís, nacida en la torre de Binifadet. Su marido el bisabuelo,
Francisco Olives Pons, el último payés del linaje, vendió su
estancia de la Font d’en Simó al doctor Mir de Maó por
300 duros de plata, al ver que sus hijos no sentían inclinación
al trabajo en el campo. Y así fue como el abuelo, Gabriel Olives
Orfila, sería el primero de la familia en salir de la isla y establecerse
en Barcelona. Hoy día, en el camino inverso, el catedrático
opta todos los veranos por Menorca.
Olives Puig, catedrático de Antropología e Historia del Pensamiento,
es autor de estudios sobre distintos temas de humanidades y urbanística,
entre ellos el que ha denominado “antropología viaria”.
Pero sobre todo es conocido por la obra “La ciudad cautiva: ensayos
de teoría sociopolítica fundamental”, que editó Siruela
en 2006 y donde irrumpe con propuestas y reflexiones filosóficas
sobre la forma arquetípica de la ciudad y los contenidos simbólicos
que se hallan implícitos en ella. Restituye, además las ideas básicas
de lo que él denomina el pensamiento sociopolítico “clásico-tradicional”.
De su paso y devoción por la época hippy quedan aún
interesantes huellas en su pensamiento que trata de hacer compatibles las
tradiciones, religión y ritos más nuestros con aquellas enseñanzas
orientales que abren también caminos al espíritu. Olives trata
de encajar su existencia en líneas y actitudes filosóficas
del humanismo más renacentista.

Josep Olives Puig. Es autor de la obra “La ciudad cautiva: ensayos de teoría sociopolítica fundamental”.
- I.R.A.:
- Usted es un hijo de su época. Licenciarse y trasladarse a París…
- Josep Olives Puig:
- Siempre he estudiado mucho. Y en París aproveché para formarme en Sociología
- I.R.A.:
- Sociología práctica, sería, recién transcurrido el 68…
- Josep Olives Puig:
- Idiológica y práctica. Aquí estábamos en plena etapa franquista. Pasé casi dos años en el Castillo de Ciutat, junto a la Seo d’Urgell,
terminando una mili que fue larga y accidentada por causa de haberme encontrado participando en el movimiento estudiantil en torno a la creación
del Sindicato Democrático de Estudiantes. Luego fui a París. Allí continuaron mis estudios sobre la ciudad, ya previamente iniciados con un
trabajo de investigación sobre el cambio demográfico y urbanístico en el casco antiguo de Barcelona.
- I.R.A.:
- ¿Interesa mucho este asunto? ¿Suscita competencia como
tema de investigación?
- Josep Olives Puig:
- Bueno, la urbanística es un asunto muy amplio. La parte más
convencional se aborda desde el urbanismo, pero la ciudad entronca también
con otros temas de gran calado. Por ejemplo, de la ciudad, que en la antigüedad
griega se llama polis, arranca toda la teoría política. Por
eso, mi obra, “La ciudad cautiva”, se refiere principalmente
a eso que yo he llamado “ensayos de teoría sociopolítica
fundamental”, aportando conocimientos básicos sobre el ser humano, la comunidad y el cosmos.
- I.R.A.:
- Hemos llegado a su terreno…
- Josep Olives Puig:
- La filosofía clásica, la de Platón, la tradición
cristiana, también, considera que la ciudad más importante
es la persona humana. El hombre, desde tal punto de vista, es considerado
una pequeña y hermosa ciudad.
- I.R.A.:
- ¿Usted suscribe que el hombre es comparable a una ciudad?
- Josep Olives Puig:
- Lo suscribo, siguiendo a los filósofos antiguos, y lo practico
como materia de enseñanza, porque ayudar a la gente a pensar y vivir
bien es algo comparable a una buena acción política, o a
una acción de ordenación del territorio, donde se intenta
poner cada cosa en el lugar que le corresponde, y establecer entre las
distintas partes una fluida comunicación, y una jerarquía.
Este tipo de ordenación comienza en el ser humano aprendiendo a
estar tranquilo, evitando la ansiedad, conectando con los estados de paz
y de felicidad, cultivando la salud propia y la de quienes tenemos a nuestro cargo…
- I.R.A.:
- ¿Se refiere a la salud interior?
- Josep Olives Puig:
- Sí, a la salud en sentido global, que es a la vez física, emocional, mental y espiritual.
- I.R.A.:
- ¿Cuál sería, en síntesis, la tesis de su obra?
- Josep Olives Puig:
- “La ciudad cautiva” es una idea tomada de Séneca:
urbs capta, como metáfora de la condición humana degradada.
En esa “ciudad cautiva” la gente nos sentimos poco valorados,
maltratados, malpagados, constreñidos, como prisioneros carentes
de libertad. Eso ocurre cuando nos obsesionamos y empezamos a verlo todo
negativo. Generamos sin quererlo formas de pensamiento incompletas que
nos amargan la vida y nos crean la sensación de ser esclavos, oprimidos.
Séneca, entre otros filósofos de la antigüedad, nos
propone salir de esa “ciudad cautiva” y recuperar la libertad
desarrollando un pensamiento saludable. Comienza potenciando lo que el
llama “la memoria de los beneficios”, que es todas aquellas
cosas buenas que desde siempre nos están siendo dadas, y gracias
a las cuales hasta hoy estamos en vida. En realidad todo lo más
importante que tenemos nos ha sido dado. Por ello la actitud humana más
justa y natural es la gratitud, el agradecimiento.
- I.R.A.:
- Pensamientos positivos era la particular receta que prescribía
el supercentenario y durante un tiempo el más anciano del mundo
conocido, Joan Riudavets…
- Josep Olives Puig:
- Está claro. El principal problema es que los pensamientos negativos
son automáticos, acuden sin querer. Lo más corriente es que
nos afecten y vayan aumentando al correr de los años.
- I.R.A.:
- ¿Son reflejos?
- Josep Olives Puig:
- Exacto. En cambio, el pensamiento positivo no es automático la
mayoría de veces: exige cierto esfuerzo, aplicación consciente
y trabajo creativo con nuestras ideas y emociones.
- I.R.A.:
- ¿Cómo conecta esta teoría del hombre-ciudad con la forma de las ciudades?
- Josep Olives Puig:
- Existe un esquema geométrico arquetípico que podemos reconocer
en la forma del plano fundacional de todas las ciudades antiguas de Oriente
y Occidente. Un esquema ordenador con gran valor simbólico-especulativo
y de gran eficacia filosófica y transformadora. Ha sido aplicado
de muchas maneras y en distintos ámbitos, que van desde el urbanismo
a las prácticas rituales de meditación, pasando por las formas
artísticas y las prácticas terapéuticas.
- I.R.A.:
- ¿Qué aspecto tendría?
- Josep Olives Puig:
- Es una forma conocida como “mandala”, que es a la vez un
plano de la ciudad, del cosmos y una representación simbólica
de la ciudad. Toda ciudad tiene un centro y una periferia, que en la ciudad
tradicional marcaban el templo y la muralla. Cuando se derribaron las murallas,
las ciudades se desparramaron sin límite en forma de grandes aglomeraciones.
Hemos perdido la idea de límite. A partir del centro se conectan
y combinan entre sí los distintos puntos de la periferia. Ese movimiento
se simboliza con el esquema en forma de cruz, que establece las dos calles
mayores, que los romanos llamaron cardo y decumanus… Ese modelo en
cruz, o “cuadrado” se aplica también a la pequeña
ciudad (micrópolis) que es el ser humano, como lo muestra aquella
figura tan conocida de Leonardo da Vinci donde el cuerpo aparece inscrito
a la vez en un cuadrado y un círculo, indicando que el mandala se
refiere ante todo a cada uno de nosotros.
- I.R.A.:
- ¿Sus estudios y reflexiones se basan en modelos antiguos?
- Josep Olives Puig:
- Sí, la ciudad es un modelo antiguo. Pero tiene valor perenne,
como la mayoría de los grandes ideas, esquemas y temas filosóficos
que la antigüedad nos ha legado.
- I.R.A.:
- ¿Y ese esquema de partida es válido para todas las civilizaciones?
- Josep Olives Puig:
- Es universal. Y el mandala más simple (el círculo “cuadrado”)
se desarrolla en el plano de la ciudad de las doce puertas, que aquí en
Occidente caracteriza la Jerusalén celestial; pero lo podemos reconocer
también en la trama urbana de innumerables ciudades antiguas de
todo el mundo, como por ejemplo en la Ciudad Prohibida de Pekín
y o el plano antiguo de Bagdad, junto al Tigris. El plano fundacional de
la ciudad es universal y existe en todas las civilizaciones porque es un
cosmograma, que proyecta en el solar de la tierra la estructura del cielo:
los doce signos del zodíaco y la Estrella Polar. Son arquetipos,
son símbolos universales del centro y el círculo cargados
de profundo sentido.
- I.R.A.:
- ¿No es un poco mágico que eso suceda?
- Josep Olives Puig:
- Totalmente. Platón ya dijo que el mundo estaba hecho de ideas
mágicas, que están en la conciencia de cada uno, y también
en el “alma del mundo”.
- I.R.A.:
- ¿Qué asignatura imparte?
- Josep Olives Puig:
- Varias. Una es Pensamiento, que fue lo que me llevó a la Universidad
Internacional de Cataluña, ya que era un experimento muy interesante...
La impartimos transversalmente, formando para ello un equipo de profesores...
Una asignatura para aprender a pensar bien, que diseñamos ad hoc
en esta universidad y hemos puesto a prueba con éxito a lo largo
de once años. Ofrece una formación humanística tradicional,
y a la vez muy novedosa, a los alumnos de primer año de distintas
titulaciones. Otra de mis asignaturas es Historia de las Religiones,
que también suple una gran carencia en este mundo “globalizado”.
Enseña a reconocer y comprender los arquetipos, o símbolos
fundamentales, que se dan en todas las grandes tradiciones
espirituales de la humanidad…
- I.R.A.:
- ¿Qué arquetipos son esos?
- Josep Olives Puig:
- El cielo, la luna, el sol, la estrella, el fuego, el incienso, las aguas,
la mujer, la fecundidad, la serpiente, la agricultura, el árbol,
el pan, el trigo, la sangre, el vino, las piedras preciosas, los pájaros,
las semillas, las flores, la montaña, la casa, la ciudad… simbolismos
que están en todas las religiones. Platonismo puro. Son símbolos
universales que hablan de nuestra vida en la tierra, pero sobre todo del
alma, de lo invisible, de nuestro interior.
- I.R.A.:
- Dadas las coincidencias, ¿la cuestión de las religiones
es como un buffet libre donde cada uno escoge lo que quiere?
- Josep Olives Puig:
- No es así. Nosotros, más allá de nuestra identidad
confesional, somos cristianos. Lo llevamos en los genes, grabado en las
células. Con independencia de que uno sea o no creyente. Podemos
hoy aprender de maestros de todas las tradiciones, profundizar en los contenidos
de distintas religiones: el budismo, las tradiciones taoístas y
confucianas, el hinduísmo, el judaismo, el islam, las tradiciones
chamánicas de América, África y Asia… Uno puede
estudiar, escuchar otros razonamientos, hacer prácticas… pero
en tus genes eres cristiano y todo progreso espiritual, sea por el camino
que sea, implica una continua “vuelta a casa”, una necesidad
de traducir lo que se va comprendiendo al lenguaje primero que nos fue
enseñado, que llena nuestros templos, nuestros museos, nuestra literatura,
nuestra historia... Además del cristianismo, claro está,
también heredamos la tradición greco-romana, que forma el
substrato.
- I.R.A.:
- ¿Lo que le interesa es la diversidad en los aspectos espirituales?
- Josep Olives Puig:
- Me interesa el espíritu, no la diversidad, pero lo que es cierto
es que en el momento actual, en un mundo globalizado, podemos conocer y
aprender mucho más que hace 400 años. Pero aquí somos
hijos de la civilización cristiana. En cada pueblo tenemos una iglesia
y un campanario, unos símbolos, mitos, ritos, que siguen marcando
toda nuestra civilización, impregnando la historia y el paisaje,
el calendario, las tradiciones y fiestas, la gastronomía, los nombres
de cosas y lugares… uno puede dejar de ser creyente, pero no puede
dejar de ser culturalmente cristiano. A partir de aquí, conocer
las formas de otras religiones puede resulta enriquecedor, aunque también
puede confundir.
- I.R.A.:
- ¿Medita a diario?
- Josep Olives Puig:
- Ya lo creo.
- I.R.A.:
- ¿Diría que es una práctica en desuso?
- Josep Olives Puig:
- Lo que diría es que es fundamental meditar.
- I.R.A.:
- ¿Qué recomienda?
- Josep Olives Puig:
- En primer lugar, encontrar tiempo.
- I.R.A.:
- ¿Saber parar?
- Josep Olives Puig:
- Justo. Hay que saber parar... Las prácticas de meditación
se pueden enseñar y aprender. Venimos ofreciendo este tipo de enseñanza
desde hace años en los veranos de Menorca, en escapadas y fines
de semana a los Pirineos, en tiempo de ocio. Se practica tanto sentado
como de pie o en movimiento. El Chikung, el arte de la energía,
se hace de pie, en la posición vertical, que es la más natural
de todas en el ser humano despierto... relajarse y no entretenerse en pensamientos
que preocupan y ponen enfermo... Se puede aprender a calmar la mente y
normalizar las emociones a través de la consciencia y la relajación
del cuerpo. A reconocer y cultivar los estados de paz y tranquilidad. A
curar nuestras enfermedades psíquicas y somáticas. A ir poniendo
todo en su debido lugar. La meditación es una manera de arreglar
y ordenar el pensamiento, conectando a diario con la felicidad, nuestro
ser verdadero.
- I.R.A.:
- Bien común es la frase “el tiempo pone a cada uno en su sitio”.
- Josep Olives Puig:
- Así es. En la vida hay un trabajo que hacer y cada uno ha de averiguar
a qué ha venido. Hacerse preguntas es la manera de conocerse mejor
e ir mejorando. Las prácticas corporales y filosóficas sirven
para desarrollar la verdadera personalidad, tal como Platón lo indica
al recomendar a los dirigentes la “gimnasia” y la “música”.
- I.R.A.:
- De regreso a sus estudios y teorías, ¿alguna de las conclusiones
a las que ha llegado tiene aplicación en Menorca? ¿Debían
ajustarse los poblados talayóticos a esas premisas de ciudad-esquema?
- Josep Olives Puig:
- En mi libro La Ciudad Cautiva menciono la leyenda menorquina de la ciudad
de Parella, también llamada Paradella, término de origen
fenicio y centroasiático (Paradesha) que alude a lo que en el medioevo
se llamó la Ciudad de Paraíso, un simbolismo del alma humana,
misteriosa, perdida y luego recuperada.
- I.R.A.:
- Una Atlántida entre Mallorca y Menorca…
- Josep Olives Puig:
- Son leyendas muy bonitas que explican procesos interiores del ser humano.
Lo aluden con el simbolismo, que debe ser interpretado y reconocido.
- I.R.A.:
- ¿No ha podido verificar si sus esquemas calzan bien en las antiguas
civilizaciones que hubo en la isla?
- Josep Olives Puig:
- Los restos prehistóricos son en este caso insuficientes. Los poblados
talayóticos, tan llenos de piedras, tienen tramas de difícil
lectura. Margaret Murray y Waldemar Fenn, en trabajos ya viejos y algo
complicados, aportaron algunos indicios sobre el contenido cosmológico
de algunos asentamientos. Llaman la atención las taulas rodeadas
de su perímetro, que presentan obvia analogía con los esquemas
geométricos relacionadas con la forma “mandálica” de
la ciudad antigua y de los centros sagrados en general.
- I.R.A.:
- La taula…
- Josep Olives Puig:
- La taula en este caso representa, por su centralidad y verticalidad,
el Axis Mundi. En ella, la piedra superior, evocando la clave de bóveda,
simboliza el cielo (o la Estrella Polar) y el pilar evoca la tierra por
su forma cuadrada y por estar bien plantado en el suelo, conectando simbólicamente
con el “inframundo”. Este simbolismo, al menos, está claramente
expresado por la forma misma. Pero carecemos de fuentes escritas sobre
el contexto cultural, mítico y ritual de estos yacimientos, que
Ramis y Ramis, con más razón de la que hoy generalmente se
le otorga, llamó “célticos”.
- I.R.A.:
- Aún hay quien busca teorías sobre la taula. ¿La
suya es más consistente?
- Josep Olives Puig:
- Desde el punto de vista del simbolismo tradicional la significación
es obvia, aunque encierra misterio. Es más, los símbolos
nos ponen siempre en contacto directo con el misterio, y aquí está su
gracia. Otra cosa independiente es lo que piensen unos u otros de estos
vestigios antiguos.
- I.R.A.:
- ¿También con independencia del grado de desarrollo que
alcanzara una civilización?
- Josep Olives Puig:
- Es que en este caso es muy difícil de precisar, porque hay civilizaciones,
como la talayótica, de la que sólo quedan piedras. No sabemos
nada de la vida espiritual de sus pobladores. Lo que sí sabemos
es que las ciudades antiguas eran de origen sagrado y se correspondían
con una visión mágico-religiosa del mundo, con una mentalidad
mítico-ritual, distinta de la visión de los “pueblos
con historia”, cuyos conocimientos conocemos también por sus
escritos. Para el hombre arcaico el mundo está impregnado de poderes
sobrenaturales. Los moradores de la Menorca talayótica tenían
obviamente una concepción del mundo muy distinta de la que hoy es
corriente entre los estudiosos. Los arqueólogos, por lo general,
tienden a proyectar esquemas materialistas modernos sobre los vestigios
de culturas antiguas que, según es sabido priorizaban mucho más
lo religioso, la iniciación a los misterios, los oráculos,
las visiones, el mundo de los sueños y, sin despreciar lo material,
vivían la cultura en un plano mucho más onírico. De
los planos de los poblados talayóticos, hasta donde se puede entrever,
sacamos la impresión de que siguen esquemas de forma circular y
espiral, formas acaracoladas, uterinas, orgánicas... Tenían
cámaras subterráneas, dolménicas, que universalmente
han sido asociadas a funciones y ritos iniciáticos. En dicho contexto
tradicional también son preponderantes las cuevas, auténtico
símbolo fundamental de la isla de Menorca, junto con el monte-toro,
el mar, la roca, la insularidad. La cueva universalmente es símbolo
de la matriz, de la Magna Mater, y es a la vez un lugar para la muerte
(enterrramiento, sepulcro) y el renacimiento (iniciación, resurrección).
- I.R.A.:
- ¿Hacia dónde dirige ahora sus estudios e investigaciones?
- Josep Olives Puig:
- Hacia acabar un breve tratado de antropología social y política
fundamental, en el que se enseñan los grandes asuntos concernientes
a la persona humana, en los aspectos individuales tanto como comunitarios,
abriéndolos a la dimensión espiritual. Remito a los clásicos.
No pretendo inventar nada. Sólo recuperar el pensamiento ancestral
de Oriente y Occidente que es la gran novedad para el hombre de hoy. Aporto
paralelismos con el saber de otras civilizaciones. En particular, ahora
me interesa especialmente utilizar y divulgar formas curativas y formativas
de de lo que podríamos llamar “gimnasia sagrada” equivalentes
a las que practicaran Platón o Pitágoras. Hoy las podemos
reconocer y aprender con ayuda de los métodos y técnicas,
que son estos “yogas en movimiento”, o “artes marciales
y a la vez meditativas” como el Chi kung, el Tai Chi Chuan y el Kung-Fu,
aprendidos de escuelas tradicionales de la China profunda que han llegado
hasta hoy, y que a menudo sólo se conocen en versiones vulgarizadas
a través del cine y los medios de comunicación.
- I.R.A.:
- ¿Lleva tiempo con eso?
- Josep Olives Puig:
- Treinta y dos años.
- I.R.A.:
- ¿Era un poco hippy?
- Josep Olives Puig:
- Totalmente. El movimiento hippy fue fantástico. Vulgaridades y
tonterías aparte, el hippismo sirvió para poner a intelectuales
y artistas de Occidente (americanos y europeos) en contacto con las tradiciones
sagradas de Oriente y también con las tradiciones sapienciales de
pueblos primitivos como los indios de América.
- I.R.A.:
- No hay nada ahora que se le parezca…
- Josep Olives Puig:
- Nada, aquello fue como una explosión, que incluso siendo un movimiento
minoritario, sirvió para cambiar los esquemas de mucha gente.
- I.R.A.:
- Le interesa todo, veo…
- Josep Olives Puig:
- Religiones y tradiciones sagradas… Lo que más he estudiado
son simbolismos, mitos y ritos. La esencia de las religiones. Las historias
sagradas, como también la mitología griega o la india, o
las rondalles, hablan de la aventura humana, la vida espiritual. El folklore
también me ha enseñado mucho.
- I.R.A.:
- ¿El folklore menorquín?
- Josep Olives Puig:
- Además de venerar la obra y la figura de Francesc d’Albranca
(el ilustrísimo Dr. Camps de Es Migjorn), mi mujer y yo, hemos aprendido,
practicado y enseñado los bailes, con castañuelas (jota,
fandango y bolero), guitarra con afinación ciudadelana, el guitarrico,
el cante. Empezamos con Pilar Pons y el grupo de Sant Lluis, nuestro pueblo
ancestral y luego aprendimos sobre todo con Llorenç Taltavull, su
familia y el grupo Tramontana de Ciutadella, que con tanta amabilidad nos
ha acogido durante años. Partiendo del baile menorquín, en
Cardedeu fundamos el grupo “Aires del Montseny” moviéndolo
por las Baleares, Cataluña y el Levante valenciano y murciano, intercambiando
experiencias y fiestas con grupos de estas tierras hispanas. Hicimos, desde
la Agrupació Sardanista de Cardedeu, una labor de restauración
de la jota en Cataluña, partiendo de los restos en el Priorato,
la Terra Alta, el Baix Ebre, Vilafranca del Penedès y el mismo Vallès
Oriental, donde hemos residido las últimas décadas. Muchos
no saben que la jota es un baile antiguo, característico de toda
España, no sólo de Aragón, Valencia o Baleares, como
vulgarmente se cree... Aunque, claro está, el río Ebro, que
da nombre a Iberia, fue un importante eje de difusión en el tiempo
de los moros.
- I.R.A.:
- Los bailes también trazan geometrías.
- Josep Olives Puig:
- Absolutamente. Toda la geometría sagrada está en los bailes.
El eje, los círculos, arriba/abajo, derecha/izquierda, hombre/mujer...
el riquísimo juego de parejas de contrarios que se oponen y complementan.
El ying, el yang, las simetrías, cuando una gira para un lado, el
otro para el otro… Corporalmente son prácticas curativas,
y también emocionalmente.
- I.R.A.:
- El aspecto de complementariedad en la pareja se da muy bien en las sevillanas.
No le veo …
- Josep Olives Puig:
- ¡Ya lo creo que sí! Habíamos también aprendido
a bailarlas en Barcelona, junto con danza clásica, jazz, danza contemporánea,
etc… El baile es curativo, es alegría.
- I.R.A.:
- Tiene un sentido muy lúdico de la vida…
- Josep Olives Puig:
- La vida es para jugar, pero es un juego muy serio.