"om namah iti".
El yoga es hoy un fenómeno sociológico conocido, aceptado e incorporado en los diversos ámbitos de la salud y el crecimiento personal. Cada vez más forma parte de la preparación al parto y del fitness semanal de numerosas amas de casa y de ejecutivos estresados. Sus estudiados estiramientos se introducen bajo terminología inglesa -stretching- en los deportes de masas. La praxis del yoga alimenta los nuevos métodos psicológicos basados en la relación cuerpo-energía-mente, desde la sofrología, la bioenergética y la PNL. Su sabiduría alimenta tanto a los que se aproximan a la muerte, como a los que cuidan del moribundo. También adopta curiosas y empobrecidas manifestaciones cuando entra en contacto con el nihilismo práctico de Occidente, es aquello que hace décadas se llamó: Pop-yoga y hoy New age-yoga, y quizás mañana hip-hop-yoga...
El yoga fue en otro tiempo una profunda tecnología espiritual utilizada por diversas tradiciones religiosas orientales (hinduismo, budismo, vedânta, jainismo...) con el fin de unirse a lo Absoluto a través de la meditación. El yoga siempre ha manifestado ser una de las posibles percepciones de la Realidad (darshana), nunca ha afirmado que sea la percepción ni tampoco la Realidad. Las religiones se han utilizado, demasiado a menudo, para revestir sociedades con estructuras y creencias. El yoga propone experiencia y evolución. Y, permite acceder a una comprensión que trasciende aquélla obtenida por la deducción o por la revelación contenida en las Escrituras. Su paternidad es ambigua, probablemente tiene un origen pre-histórico y entra en la historia escrita con Patañjali, el legendario compilador de los 196 famosos Aforismos del yoga o Yogasutres. Desde este autor pre o post-buddhista hasta el conocido divulgador del yoga en Occidente Paramahansa Yogânanda (1893-1952), autor de la Autobiografía de un yogui, han transcurrido más de dos mil años de tradición empírica.
Los Yoga Sutras de Patañjali y la triple vía en función de la naturaleza personal.
La tradición hindú ha presentado al practicante de la meditación una metodología plural adecuada a su naturaleza o capacitación. La propia inclinación, temperamento, educación, grado de conciencia, convencionalismo, edad... lo han conducido a la elección y al seguimiento de un tipo concreto de yoga o camino espiritual (directo o revuelto, sencillo o barroco, próximo a la religión o despojado de condicionamientos). Permitidnos una división de la pluralidad de acercamientos en el yoga en tres grandes vías:
1ª Vía basada en el camino de los ocho pasos o Astanga Yoga.
Para muchos practicantes situados al inicio de la primera vía, la
práctica empieza con un trabajo sobre el cuerpo, las emociones y
los valores éticos. Estos practicantes acostumbran a estar muy identificados
con sus cuerpos, reacciones emocionales y prejuicios subjetivos. Se tienen
que desidentificar y hacer camino con la ayuda de los ocho pasos o miembros.
La progresión los llevará a un ascenso por la escala interior
que tiene ocho niveles y entrarán en contacto con los conocidos siete
chakras, muchas veces malinterpretados, hasta llegar a la contemplación
meditativa.
Recordamos los nombres de algunos grandes yoguis, benefactores de la
humanidad y seguidores de esta vía:
El doctor Svami Sivananda, el doctor Svami Kuvalayânanda y
el doctor
Svami Gîtânanda entre muchos otros.



Patañjali nos aclara la tipología de estas prácticas en el aforismo II:29 "Los ocho pasos del yoga son: las abstenciones de lo que es negativo (yama), el cumplimiento de lo que es positivo (niyama), la postura corporal correcta (âsana), el control de la energía vital (prânâyâma), la interiorización de los sentidos (pratyâhâra), la concentración de la mente (dhâranâ), la meditación (dhyâna) y la contemplación o unión con la Divinidad (samâdhi)".
No nos centraremos en esta metodología porque es la más divulgada en Occidente. A pesar de sufrir nuestro reduccionismo cultural y economicista es un buen complemento a muchos aspectos de la vida y permite disciplinar el cuerpo y, quien sabe, convertirse en discípulo más adelante. El puro nivel físico y técnico de los primeros pasos del astanga yoga, que llevan a la fascinación por el cuerpo, se tienen que trascender para encauzarnos en la sabiduría, el amor y la acción sin esperar el fruto. De otra manera el yoga, como decían los clásicos, se corrompe y genera algo peor -corruptio optimi pessima-.
2ª Vía basada en la práctica del Kriyâ Yoga.
Según Patañjali el Kriyâ Yoga se fundamenta en el esfuerzo espiritual, el estudio y la devoción al Verbo liberador Om. Esta práctica otorga poderes al cuerpo y a los sentidos, la comunión con la Divinidad y la perfección de la contemplación. Lahiri Mahâsaya, Shrî Yukteshvar y Paramahansa Yogânanda han seguido esta vía espiritual.


La palabra sànscrita kriyâ tiene múltiples significados. El primordial es acción o movimiento, pero también ritual purificador que elimina las toxinas del cuerpo y los hábitos negativos de la mente, práctica espiritual codificada con una progresión técnica, ejercicios preliminares del yoga, actas de adoración a la Divinidad, actos consagrados a la Divinidad, unión con el Supremo a través de un curso específico de acciones... Diversas escrituras de tradiciones, épocas, linajes y metodologías diferenciadas han utilizado la palabra kriyâ con connotaciones bien diferentes con el fin de llegar a los practicantes cualificados para seguir esta vía espiritual. Veamos algunos de sus matices:

3ª Vía basada en el discernimiento y la desafección o Mahâ Yoga.
Siguen este camino aquéllos predispuestos al discernimiento, a la práctica constante con ardiente determinación y a la desafección que conduce a una sabiduría intuitiva, como en el caso de Ramana Maharshi, Ânanda Moyi Mâ o Nisargadatta Mahârâj, entre muchos otros.



Éstos no necesitan ni posturas ni respiraciones especiales. Con poco tiempo de práctica alcanzan la cima del yoga. Patañjali en los Yogasûtras 12-16 nos dibuja sus deberes espirituales: "El cese de las fluctuaciones de la mente se alcanza mediante la práctica constante y la ruptura. La práctica constante es el esfuerzo atento por mantener las fluctuaciones mentales en el estado de perfecta estabilidad. Esta práctica se convierte en arraigada si se realiza durante mucho tiempo de forma firme, sin interrupciones y con una atención reverente. La ruptura es la conciencia de autodominio que alcanza aquél que se ha liberado totalmente del deseo de disfrutar de los objetos visibles o de los revelados en las escrituras. La desafección suprema se produce cuando, a causa del conocimiento de lo Absoluto, hay una total falta de deseo hacia las tres cualidades de la materia".
De la moral de grupo a la ética personal.
En el yoga clásico los principios éticos (veracidad, no violencia ...) preceden y acompañan la práctica de las posturas corporales y el trabajo respiratorio, que tonifica y serena la energía psicosomática. En este desarrollo personal es más importante la claridad y la firmeza de los principios éticos que unas caderas bien alineadas, aunque eso tenga un valor no despreciable. En la vida social la ética se reduce, a menudo, a unos difusos principios morales mal integrados que entran rápidamente en crisis en un tiempo de mutación constante y feroz erosión.
Una psique transformada en cimiento del bienestar comunitario.

En el Dhammapada, atribuido al Buddha, podemos leer: "Aquello que somos hoy procede de nuestros pensamientos de ayer y nuestros pensamientos presentes construyen nuestra vida futura. La mente es la creadora de nuestra vida. Si hablamos o actuamos con una mente negativa el sufrimiento nos seguirá como la rueda sigue el animal que estira del carro". La vertiente del yoga que realiza este valioso trabajo con la mente se llama Raja Yoga (yoga real) o también Kriyâ Yoga (el camino de las técnicas meditativas purificadoras del psique).
El primer paso en la transformación personal que repercutirá positivamente en la sociedad es calmar la mente. Nuestra mente oscila constantemente entre tres estados mentales de diferente naturaleza: la calma y la luminosidad, los nervios y la agitación y, en tercer lugar, la apatía y la ofuscación. La práctica del yoga nos permite vivir la mayor parte del día en el primer estado mental. Sin embargo, las latencias, hábitos o huellas subconscientes (samskares y vasanes) descubiertas por Patañjali mucho antes de que por Sigmund Freud, nos impiden anclarnos en la paz y el bienestar mental. Por eso, además de los conocidos estiramientos y las respiraciones profundas, el yoga propone la práctica de la meditación silenciosa con el objetivo de actuar directamente sobre nuestros estados mentales, aspecto que repercute de forma inevitable y positiva en nuestro medio social y familiar.
El valor de la meditación.
La meditación nos permitirá citando en Patañjali: "Establecernos en nuestra propia naturaleza, porque de otra manera nos identificaremos siempre con las constantes fluctuaciones de la mente". Nuestra verdadera naturaleza, según el yoga y el vedânta, es existencia, conciencia y gozo siempre renovados. Sin embargo, la identificación con las subjetivas imágenes mentales nos alejan de nuestra verdadera naturaleza hasta el punto de enajenarnos, de transformarnos en extraños para nosotros mismos. Esta identificación con el espectáculo que nos presentan los sentidos y la mente y el olvido de nuestra auténtica realidad genera sufrimiento, malestar, temor, depresión... Todos ellos estados envenenados de la mente que requieren para cuidarse de la dulce medicina de la meditación.

La meditación permite calmar las oleadas mentales subconscientes, desarrollar las capacidades mentales conscientes y abrirnos a las dimensiones supraconscientes o transpersonales. La meditación posibilita que nos establezcamos en los estados mentales positivos en los cuales se experimenta la calma, la paz, la luminosidad, la comprensión, el amor profundo y el gozo espiritual, nacidos de la irradiación de la Divinidad interior. Así, desde un firme eje personal, nos abrimos a las dimensiones sociales y trascendentes. Afirmaba Paramahansa Yogânanda: "Cuánto más medites, más útil podrás ser a las otras personas y, cuánto más profundamente lo hagas, más sintonizarás con Dios".
Despidámonos con una práctica muy antigua de yoga que otorga la bendición de la calma y el amor al flujo mental. Calidad necesaria antes de emprender meditaciones más profundas. La podemos encontrar expuesta con brevedad en el Yogasûtra de Patañjali I.33: "La práctica que conduce a la serenidad de la mente (chittaprasâdana) es el cultivo constando de la amistad cordial (maitrî) con aquéllos que son felices; la compasión (karunâ) hacia los que sufren; la alegría empática (muditâ) ante la virtud, y la ecuanimidad indiferente (upeksâ) en oposición del vicio". Así purificamos la mente y eliminamos las reacciones emocionales destructivas como los celos, el odio, la envidia y la intolerancia. Nos prepara para una meditación posterior en silencio, adobando un campo con cualidades humanas positivas. Esta práctica también la encontramos en el yoga de los jaines y de los buddhistes donde se nombra estar en los reinos divinos (brahmâvihâra). Yoga es una acción y no una especulación, y cómo nos recordaba Svami Sivananda: “Es mejor un gramo de práctica que una tonelada de teoría”.
1. Adoptamos una postura relajada y respiramos profundamente un rato.
2. Concentrémonos en la infinita mente llena de afecto y de amistad cordial (maitrî) hacia aquéllos que son felices. Permanecemos un rato experimentando esta auspiciosa disposición mental. Después, contemplamos cómo las tres esferas de la existencia y los seres que habitan se llenan con esta calidez amorosa que emana de nuestra mente mientras repetimos el siguiente mantra: om bhûr bhuva suvah om mahâmaitreyâya sphara svâhâ (Om o triple mundo. Om yo me entrego a la inmensa y amorosa amistad omnipresente).
3. Concentrémonos en la infinita mente llena de compasión (karunâ) hacia los que sufren. Permanecemos un rato experimentando esta auspiciosa disposición mental. Después, contemplamos cómo las tres esferas de la existencia y los seres que habitan se llenan con esta calidez compasiva que emana de nuestra mente mientras repetimos el siguiente mantra: om bhûr bhuva suvah om mahâkarunâya sphara svâhâ (Om o triple mundo. Om yo me entrego a la inmensa compasión omnipresente).
4. Concentrémonos en la infinita mente llena de gozo y dicha (muditâ) hacia los que actúan bien. Permanecemos un rato experimentando esta auspiciosa disposición mental. Después, contemplamos cómo las tres esferas de la existencia y los seres que habitan se llenan con esta alegría que emana de nuestra mente mientras repetimos el siguiente mantra: om bhûr bhuva suvah om mahâmuditâya sphara svâhâ (Om o triple mundo. Om yo me entrego a la inmensa alegría omnipresente).
5. Concentrémonos en la infinita mente llena de ecuanimidad (upeksâ) hacia los que actúan mal. Permanecemos un rato experimentando esta auspiciosa disposición mental. Después, contemplamos cómo las tres esferas de la existencia y los seres que habitan se llenan con esta calma y centrado que emana de nuestra mente mientras repetimos el siguiente mantra: om bhûr bhuva suvah om mahopeksâya sphara svâhâ (Om o triple mundo. Om yo me entrego a la inmensa ecuanimidad omnipresente).
6. Permanecemos en estos estados positivos e iniciamos la meditación en silencio.